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3 Abr 2020

¡QUÉ LECCIONES TIENE LA VIDA! ALGO QUE NOS DEJÓ ALUCINADOS EN EL METRO PARA APRENDER DE VERDAD

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El pasado febrero acabamos el programa Enamoratoria, una experiencia para que los comunicadores se conviertan en conferenciantes y speakers de élite.

Estoy muy contento por cómo ha salido, pero no te escribo por el programa, sino por algo que nos pasó allí… y que nos dejó muy sorprendidos y nos dio que pensar.

Todo ocurrió un miércoles, yendo en el metro a través de una iniciativa del Instituto Impact que tuvimos el año pasado y que hemos seguido practicando.

¿Te suenan las charlas TED? Posiblemente ya sabes que son conferencias gratuitas que buscan expandir el conocimiento por el mundo y que éste sea accesible a todos (por eso se cuelgan en internet y en youtube).

Pero aún así esas conferencias no llegan a muchísima gente por desconocimiento, porque no están en esa onda, porque en su entorno nunca se ha dado importancia a eso o tienen otras cosas de las que preocuparse…

Pues para paliar eso, ¿qué pasaría si te subieras en el metro y entre estación y estación dieras una conferencia superrápida con un breve, sencillo y conciso mensaje sobre tu área de expertise para que la gente aprendiera cosas y se llevara algo útil a su casa?

Pues eso es lo que hemos creado:

METRORATORIA. (También se puede hacer en el autobús, en los aeropuertos, en blablacar…. Donde se te ocurra que haya gente a la que le vendría bien tu mensaje)
Es una acción de contribución al mundo.

Ahora imagínate a miles de profesionales lanzando su mensaje, un mensaje útil y válido para la vida de otros una vez al mes de manera desinteresada en todo tipo de lugares…. Sería algo extraordinario, maravilloso y de ayuda.

Nosotros ya lo hemos hecho, nuestros alumnos llevan dadas ya casi 30 charlas de Metroratoria, y subiendo. Y es toda una experiencia, te la recomiendo.

Y como no puede ser de otra manera, cuando generas acción casi siempre viene acompañada de resultados que superan con mucho el plan de acción que te habías trazado…

Te cuento lo que nos pasó aquel día….

Íbamos en el vagón del metro y había un grupo de chavales jóvenes, de unos 14 o 15 años. Dimos varias charlas justo a su lado y poco a poco se fueron mostrando intrigados y luego muy interesados.

Resulta que eran estudiantes acompañados por un profe. Y este les alentó a que nos dieran la réplica.

Algunas de las chicas empezaron a animar a un muchacho (aunque ninguno de nosotros daba un euro por ello, no nos imaginábamos a un adolescente levantándose para dar un discurso en un sitio publico, sin conocer a nadie y sin haber preparado nada…)

Y de repente, ¡el chico de 15 años se puso en pie! Nos quedamos flipados. Y empezó a hablar sobre… ¡Quién era Goya!

Sus cuadros, su vida, la importancia de su obra…

Pero también nos dimos cuenta de algo…. Hablaba con una acento raro…. Y tanto!
Era de ·Estados Unidos.

Y entonces y tristemente el comentario general de los adultos que estábamos allí fue:
“¡Ah, ya decía yo!”

Y en este caso la pregunta clave para mi es:

¿Por qué surgió este comentario?

Me da que surgió porque no nos imaginábamos a ningún español atreviéndose a hacer eso, y menos a un adolescente.

Qué pena, ¿no?

Porque ya no se trataba de hablar en público en territorio hostil. Se trataba de haberse atrevido a ponerse en pie y hacerlo.

¿Y cuántas oportunidades perdemos en la vida por el miedo al ridículo y al qué dirán, esa enfermedad en la que vive inmersa casi toda la población, yo incluido en muchas ocasiones?

Muchísimas, incontables.

En las sociedades mediterraneas y latinas, que son filiativas, (o lo que es lo mismo: nos movemos en grupo y el grupo lo es todo, desde la familia a los amigos) exponerse al juicio y ojo escrutador de los que nos rodean nos da pánico.

¿Por qué?

Porque sufrimos el riesgo de que consideren que hemos hecho algo NO correcto y tomen una decisión que es lo peor que nos puede pasar:

Que nos nieguen su amor (y prácticamente todos sentimos de manera imperiosa la necesidad de ser amados) en forma de exclusión de ese grupo del que tanto dependemos (la mayoría de estos procesos son inconscientes, por cierto).

Ante la tesitura del aislamiento social ( o al menos del que nos imaginamos), ya te digo yo que nos lo pensamos mucho antes de hacer algo que desagrade a alguien importante para nosotros (también pueden ser los padres o figuras de autoridad)
Por lo que no tendemos a correr el riesgo de ser juzgados y preferimos quedarnos como estamos.

Muy pocas personas están preparadas por dentro para vivir como “outsiders” … (fuera del sistema)

Pero, ¿qué precio pagamos por hacer esto?

Uno y muy alto:

Nunca podremos sobresalir y mostrar al mundo en que somos únicos, y así no nos arriesgaremos a sufrir la envidia que va a suscitar inevitablemente en otros nuestro éxito.


No querremos elegir poder contar que somos valiosos, despuntar y brillar, porque en un sistema que penaliza eso (en un grupo el que despunta es una amenaza al statu quo y a como están constituidas las reglas) esto es muy difícil de hacer.

¿No te ha pasado que cuando tomas una decisión importante o haces un cambio vital (eso es muy frecuente por ejemplo cuando vas a un buen curso de desarrollo interior ) y has cambiado porque te has dado cuenta de muchas cosas una frase muy frecuente que te encuentras por parte de tu gente más cercana es:

“¿Pero qué te ha pasado? ¿No será eso una secta?”

Normal que te digan esto. Tu nueva versión no interesa. Era mejor la anterior, donde por ejemplo siempre decías sí a todo, aunque en el fondo no quisieras.

A tu grupo más cercano le viene fatal el que ahora hayas incorporado la asertividad en tu vida. Y entonces se añade la consabida frase…. “No te conozco”.

Vamos, que uno no puede cambiar. Fíjate cuando alguien cambia de criterio porque tiene información nueva o se ha dado cuenta de algo, con qué palabras es etiquetado si se atreve a contarlo o hacerlo: veleta, chaquetero, sin criterio ,sin personalidad, inmaduro, traidor, sin principios, confuso, etc. Vamos, ¡como para cambiar o contarlo!.

En el fondo creo que son herramientas de “control social” consciente o inconsciente para tenernos atados en corto.

Así que tu nueva versión posiblemente deje personas o grupos en el camino. Supongo que te habrá pasado también eso de que hay gente que no te llena o no tiene mucho sentido para ti pero sigues con ellos por inercia…

Y todo esto da miedo (y mucho) a personas que nos hemos criado en un contexto cultural como el nuestro (a diferencia de los anglosajones, por ejemplo, criados en un contexto de individualismo).

Liderar tu vida y ser honesto supone en muchos casos tener que pasar “ el camino del huérfano” (una parte del camino del héroe de Joseph Campbell).

En él vas a ser profundamente incomprendido, te vas a sentir más solo que la una, tal vez tengas que cambiar de modo de vida, de lugar, de trabajo porque te has dado cuenta que ese que desempeñas es un lastre en tu propósito de vida (no es que posiblemente sepas tu propósito de vida, pero en el fondo tienes claro que no debería ser tu trabajo)…

¿Y cual es el premio a todos estos “sinsabores”, como decía Shackleton en su famoso anuncio?

La gloria.

La gloria entendida como la plenitud vital, sentir que eres tú, que tienes integridad y coherencia, que te aceptas y te quieres, y es cuando surge ese estado impagable de sentirte en paz con uno mismo que todos buscamos como prioridad número 1 en la vida sin saberlo, y que los místicos han llamado “la paz de Dios”.

Así que la próxima vez que veas a alguien pensarse si hace algo o no por miedo, anímale a hacerlo, y si alguna vez te encuentras a algún grupo de locos en un vagón de metro que te alienten a exponerte y decir tu verdad al mundo, no te lo pienses….

¡Levántate y habla!

Un abrazo fuerte y ¡Buen Camino!


¿QUIEN HA ESCRITO ESTE POST?

Josepe García. Es una de las primeras autoridades en España para emprendedores y  profesionales del desarrollo de las personas que quieren emprender con éxito, además de uno de los pioneros del coaching en España e introductor de la formación de  alto impacto en nuestro país. Director del Instituto Impact, de la Escuela de Oratoria para Empresarios  y Creador de programas como “Top Speaker and Trainer” o “Vivir del Coaching”, ha tenido como alumnos u oyentes a más de 40.000 personas en EEUU, México, Panamá, Colombia, Perú, Chile, Francia y España; ha entrenado a más de 800 coaches, formadores, terapeutas, muchos de los cuales hoy son auténticas referencias. Con más de 2000 sesiones de coachings a sus espaldas, ha hecho crecer su empresa un 400% en los últimos 4 años.  Es colaborador asiduo de la revista “Emprendedores”, empresario desde los 23 años,  es coach profesional  de ASESCO, miembro de ICF y AECOP, Coactive Coach por CTI, especialista en Inteligencia Emocional por la UCJC, trainer en PNL por el IPH y Master en Comunicación No Verbal con Joaquina Fernández. Es autor de la novela Best Seller sobre el Camino de Santiago ya en su 11ª Edición “Buen Camino”, o “PNL para líderes”.


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